Alberto Omar Walls

Alberto Omar Walls presenta en Agapea su última producción poética.

Escrito por albertoomarwalls 25-01-2010 en General. Comentarios (2)
Nota de Prensa:

                                          

Alberto Omar Walls presenta el próximo viernes, 29 de enero, a las 7 de la tarde, su producción poética en la Librería Agapea.com de Tenerife. Se trata de tres tomos que incluyen seis poemarios, cuatro inéditos y dos reeditados:

Ángeles del deseo / Rapto de unicornios

Ángeles de la espuma / En el viento

Ángeles de destrucción / Magma de Luz.

 



Ediciones Idea ha reunido en tres volúmenes la producción poética completa de los últimos treinta años del prolífico escritor Alberto Omar Walls: Ángeles del deseo / Rapto de unicornios, Ángeles de la espuma / En el viento y Ángeles de destrucción / Magma de Luz. Todos ellos se presentan el próximo viernes, 29 de enero, a las 19:00 horas, en la librería Agapea.com, ubicada en la Avenida Tres de Mayo, nº 71.

En el acto intervendrán, junto al autor, los poetas Antonio Carmona y Elica Ramos y la responsable de prensa de la editorial canaria, Elena Morales. Cada uno de los tres tomos –que han visto la luz en la colección Pi (Poesía Idea)– contiene dos poemarios, el primero reeditado y el segundo inédito, y presentan unas sugestivas imágenes en las portadas, creadas por el artista plástico Yamil Omar. La producción poética de Alberto Omar Walls es reflexiva, filosófica, elegante, imaginativa y «de plena madurez». Así lo cree la escritora María de los Ángeles Teixeira que también considera que se trata de una trilogía «apasionante» de un autor «que ya está de vuelta de todo», capaz de diseccionar los sentimientos «de un modo aparentemente sencillo y firme», con un lenguaje fluido. En opinión de María de los Ángeles Teixeira: «Los tres libros manifiestan inquietantes mutaciones que hay que interpretar en un sentido más bien psicológico con un torrente de palabras, en que no hace falta la puntuación sintáctica, para que el propio lector vaya haciendo las pausas en cada momento oportuno. Se puede hablar de un lenguaje sabio y no de una economía verbal, hay un torrente de animales, unicornios, cisnes, gaviotas del alba, de dioses chinos y, por encima de todo, un canto de peces, flores, corales y la luz».

 

Trayectoria

Alberto Omar Walls nació en Santa Cruz de Tenerife. Ha cultivado varias especialidades artísticas: las escénicas, audiovisuales y literarias, ejerciendo de profesor, director y actor de teatro y cine. También durante años trabajó de gestor cultural, especialidad que estudió en la Universidad Complutense de Madrid y en la de Barcelona. Ha sido guionista, productor y codirector del largometraje en 35 milímetros Piel de cactus (1999). Este creador ha destacado, entre otras facetas, por su producción novelística: La canción del morrocoyo, El tiempo lento de Cecilia e Hipólito (Premio Benito Pérez Armas de 1986), El unicornio dorado (Premio Pérez Galdós 1989), Como dos lunas llenas, Arrégleme el alma, Soledad Amores; pero también ha publicado numerosos libros de relatos, como Papiroplexia, Suaves cuentos de destrucción y Contados al atardecer. Asimismo, en la amplia obra de Alberto Omar destaca la especial atención prestada a la literatura infantil, dos ejemplos de ellos los tenemos en los volúmenes El pequeño Carlos contra el almirante y El corazón del bosque. Toda la producción de Alberto Omar Walls -narrativa, teatro, cuentos y poesía- ha sido reeditada en los últimos años por Ediciones Idea. Además esta editorial canaria ha sacado a la luz y reunido en diversas colecciones su obra inédita que abarca piezas teatrales, artículos periodísticos y una parte de su producción poética de los últimos treinta años.

Para más información:

Teléfono del escritor Alberto Omar: 629 775 213

Teléfono de la responsable de prensa de Ediciones Idea,

Elena Morales: 646 818 316

www.edicionesidea.com

 

 

"Soledad Amores", novela de Alberto Omar Walls

Escrito por albertoomarwalls 31-12-2009 en General. Comentarios (2)

Por Montse Cano

 

 

            Soledad Amores parece ser la obra menos experimental de Alberto Omar Walls, un autor que en todos los géneros literarios que cultiva –novela, teatro, poesía,cuento- ha destacado siempre por su incansable búsqueda de formas expresivas originales. Pero he escrito “parece ser” porque una lectura atenta de la novela nos remite, una vez más, al personalisimo universo de este escritor, un mundo donde todo se transforma en literatura y todo sirve como elemento constitutivo de la creación artística. En esta, como en sus anteriores obras, late la diferencia, el modo especial con que Alberto Omar mira la vida y el no menos diferente con que la describe.

Omar ejemplifica lo que me parece más interesante y rico de los conceptos de experimentación y originalidad: la necesidad de ser auténtico. Frente a un sentido artificioso de lo original que pretende serlo sólo para distinguirse de lo ya conocido, hay un modo demanifestarse la excepcionalidad que procede de la forma en que el escritor percibe el mundo y de la autoexigencia de plasmar esa percepción con la mayor exactitud posible. A una visión determinada de comprender lo que somos y lo que es nuestro entorno, debería corresponder siempre una formulación estética concreta. Ese sería el origen real y el fin verdadero de eso tan sutil pero tan reconocible que llamamos estilo. Y eso es, a mi juicio, lo que ha llevado a Alberto Omar a escribir su novela del modo en que lo ha hecho y no de otro. Para narrar la historia que quiere, el autor ha utilizado los materiales narrativos que exige el conflicto que se describe. Por tanto, no parece que haya renunciado a los fundamentos estéticos que pueden detectarse a lo largo de toda su trayectoria literaria, sino que ha empleado los recursos que ha considerado adecuados para escribir una novela tan única y personal como todas la santeriores.

A Alberto Omar le interesa ahondar en los conflictos personales. Desde su primera novela, La canción del morrocoyo, publicada en 1972, hasta Soledad Amores de 2003, las relaciones entre unas personas con otras y entre el individuo y su yo más oscuro y oculto, son temas recurrentes pero tratados siempre de manera distinta. Como si nunca acabase de entender la realidad el ser humano, el autor entra una y otra vez en el territorio de las pasiones para describirlas, definirlas, tal vez comprenderlas y en todos los casos aceptarlas como inevitables. De ese sentimiento algo trágico del acontecer y el sentir es, probablemente, de donde deriva el afecto con que Omar Walls trata a sus personajes, incluso a los que encarnan valores que se manifiestan como negativos. Y si hay una novela en la que se manifieste la comprensión infinita del autor para con todo lo que es humano, esa es Soledad Amores.

Pero, por otra parte, Omar pertenece ala raza de los escritores lúcidos que no conciben lo individual sin lo colectivo y que no pueden evitar establecer relaciones entre los interno y lo externo, lo social y lo particular. Sus obras, en consecuencia, tienen un carácter de reflexión general y de intento de organización de la realidad que las inserta en la actualidad, tanto en la del momento en que fueron escritas como en la de del lector, adquiriendo en este caso un excepcional valor de documento. Así, la historia de Soledad es la de una mujer concreta que simbolizaa La Mujer de nuestro tiempo, pero también nos remite a una problemática general de incomunicación, soledad y falta de expectativas. Producto de una sociedad hipócrita y represiva, los personajes de la novela, se construyen a si mismos de forma reactiva, para ser lo que les impidieron o dejar de aparentar lo que les fue impuesto. Obra, pues, de búsqueda, de descripción del camino interior a través de la narración de lo externo,  SoledadAmores utiliza la psicología como referente pero no como fin. El mayor valor de la novela no se encuentra en la riqueza psicológica de los personajes –aunque esa riqueza existe y es importante- sino en la forma de utilizar lo íntimo para analizar lo general y, en sentido inverso, de usar la descripción sociológica para tratar de comprender lo más profundo del ser humano.

Soledad Amores no significa, en mi opinión, un cambio en la narrativa de Alberto Omar Walls sino que testimonia un proceso constante de depuración y de autoanálisis encaminado a crear productos auténticamente literarios, algo imprescindible en el panorama actual de nuestras letras. 

 

 

La soledad del zorro

Escrito por albertoomarwalls 23-12-2009 en General. Comentarios (0)

 

                                              por Alberto OmarWalls


Al parecer el zorro ataca en grupo, aunque él sea un solitario empedernido. No puede decirse que tenga amigos, aunque, llegado el momento, sabrá reírse de todo el mundo que lo rodea como las hienas. Se posiciona muy poco a poco donde le interesa, sin dejar oír en ningún momento las pezuñas traseras limadas de tanto tascar su ansia sobre la tierra seca. Habla o aúlla tan bajo que ni lo oyes, se acurruca en la esquina alcahueta o rincón humbrío donde se pueda sentir protegido por la oscuridad. En cuando se aviene la penumbra se abalanza sobre la noche. Obsérvalo para cuando llegue, pues proyecta una sombra alargada, fría y espesa. Mas a primera vista no es tan fiero como lo pintan, ya que no le llega al oso ni a la altura de la pantorrilla. Pero cuando el macho ladre o la hembra chille, no te confíes, hay que temerles. Sus dentelladas, y la agilidad en el salto sobre la presa, son prodigiosas. El zorro sí que conoce a su presa desde tiempo atrás. Conoce de ella, lo que ni ella misma sabe. Porque desde su estrategia no improvisa un ataque. Ese aspecto lo conduce a saber observar inmóvil el mismo punto durante mucho tiempo, y conocer la vida por las estaciones y los ciclos vitales. Frecuenta los lugares mórbidos, desde los basureros a los espacios con desechos humanos. Imagínate que cuando los conejos tienen su extraña época de enfermedad (mixomatosis), opta por alimentarse de ellos. Y aunque omnívoro, sólo en invierno come frutas. Dirías que hace lo contrario de todos si no fuera tan hermoso.

También conoce por el olfato, aunque su vista no sea tan fina como la del lince, pero se esmera tanto que te pudiera parecer que sobre todo ve con el oído (¿recuerdas a Shakespeare cuando hablaba de la sinergia de los sentidos?). No duda como depredador, sólo, y acaso, si temiera que no tendrá éxito con el ataque. Por eso la duda lo daña, y cuando la decisión se produce, se crece. Será entonces cuando la sombra que proyecta parecerá infinita (como el mar hecho raya sobre el horizonte, dijo hace dos años en un recital suyo inolvidable la poeta Ana Mª Facundo). Es inmisericorde con sus enemigos, aquellos que le dan alimento. Porque a todos los trata como presas. Si los atacara, de dos dentelladas la víctima caería fulminada. El zorro tampoco es el dragón, quien ostenta en el ataque el fuego divino. Ni siquiera es el jabalí arrollador. Ni la serpiente lenta y astuta, a quien le puede el jabalí poderoso. Y a la serpiente el sapo. El zorro, en verdad, no es sino la transformación de un perro dolorido por el rencor, por la represión sexual y el descontento emocional. En fin, por la falta de amor... Por todo eso ataca, aunque él no lo sepa. Lo hace para saciar el vacío que lo inunda por dentro y lo acosa por fuera. El rencor le devora las entrañas y necesita paliar su atávico dolor.

El zorro sólo puede ser vencido con mucho cariño o con la mayor indiferencia, aunque a veces este hecho lo zahiere en extremo, lo encrespa y puede transformarse en fiera corrupia, espantable. Todas sus impotencias se conjugan en una perseverante pero encubierta agresividad.

Esta verdad es tan antigua como el silencio: una vez que haya destapado su juego, sólo te quedarán dos alternativas para vencerle: llenarlo de besos, confundiéndole con el inesperado amor en el que no cree, o con la indiferencia más absoluta. En el primer caso, puede adoptar la piel del cordero, en el segundo, cuando lo regalas con indiferencia, como dardo envenenado que es, lo mata.

Lástima de zorro, es tan bello.     


           

Pedro González, pintor

Escrito por albertoomarwalls 17-12-2009 en General. Comentarios (0)

           OM MANI PADME HUM...


                                      por Alberto Omar Walls


¿Por qué una tarde el pintor Pedro González me pediría que escribiera en el catálogo de su exposición sobre cementerios algo que se refiriera a Om Mani Padme Hum? Estaba claro que él sí sabía lo que me estaba solicitando, ¿pero por qué me había lanzado el reto de que me basara en el famoso mantra que abre al lenguaje de la compasión? Pero no me dijo nada nunca. Es decir, no me lo ha aclarado hasta ahora. Alguien se lo había pasado, o había asistido en India a algún tipo de rito donde un monje se pasó la noche velando a un moribundo mientras rezaba el Om Mani Padme Hum, o tuvo la inspiración mientras pintaba sus geniales cuadros… No he resuelto esa duda, pero sí conservo el texto que en aquella ocasión le escribí para su catálogo de los cementerios. Decía así:

¿Podremos sustituir el goce estético por el asombro? En el juego de las sensaciones toda respuesta es lícita y, además, existe la condición básica de que todos somos espectadores de nosotros mismos. Puede que los cuadros atrapen desde la admiración más subliminal, o en la cadencia estética de una especial sintonía vibratoria del intelecto, o que te enamoren físicamente, como nos puede sorprender el amor de una muchacha o un muchacho que lleven, no a la vista, aunque sobre sí, sólo medio cuerpo y medio espíritu proyectándose más allá de los deseos. No será sólo amor estético, intelectual o físico -el previsible-, porque siendo auténtico será sutil, flexible y silencioso.

Cuando nos observa lo hace con su mirar infinito el mamut dorado transformando sus ojillos lejanos y profundos, que adoptan modelos cambiantes -porque primero fueron gatos, luego cuevas, más tarde cementerios.

No hay mentira que haya aprendido a sustituir al amor. 

Mirada, silencio y amor...

Mani Padme, lo eterno en lo temporal.

También de eso se trata, del silencio que nos mira con insistencia y que, en esa obsesión desmedida, se expresa. Cada cuadro será como una antigua mirada que encubre la sabiduría del pintor. Partida, como un espejo añoso, en grandes pedazos. ¿Será como el dibujo que se plasmó en la retina de Newton viendo caer la manzana desde la infinita altura del árbol, descorriéndosele el velo misterioso de la gravedad en el tiempo de ir a emitir un Om?

Pero recordemos que también la mirada del mamut es avispada, alpispa que rebota desde las niñas de sus ojos vivos y te otea para retratar luego y permanecernos ocultos en el aire bidemensional de las telas.

Observen la especial capacidad comunicativa: ¡el artista aquí pinta el aire!

Solo transmite así quien se adueñó, quizá sin saberlo, de tamaña mirada penetrante e inocente y un oído hiperestésico. ¿Se tratará, al fin, de la única mirada que nos devuelve al Olvido? Lo sabemos: muchas soledades y silencios recorren juntos los mundos.

Om...  En las vívidas balsas de los emigrantes valdría la pena intentar un golpe de manivela, subir el volumen, hacer girar la música de Karl Orff e imaginar la acción, para que en la mente se recobren vidas y escalofríos de terror comprobando en ello hasta dónde ha llegado nuestra indiferencia de individuos satisfechos. Como Goya, también recordó con espontaneidad la memoria Pedro González rindiendo escalofriante homenaje a la inocencia africana que cree hallar acogida en la cansada y estupidizada Europa. ¿Cómo iba a ser de otra manera en esta época contradictoria? Tiempos en que se trabaja con células madre abriendo futuros a la inmoribilidad, sin que aún hayamos aprendido a negar las guerras ni evitar el dolor; momentos en que se elevan cínicamente las diferencias sociales sin que los grandes hombres de negocios hagan suficiente por rebajar las bolsas de pobreza...

Es esta una sociedad al borde del suicidio colectivo.

En una sociedad enferma de falta de comprensión, la obra lúcida del pintor puede ser tanto un aldabonazo de respuesta airada como un mantra de liberación espiritual.

Om Namah Sivayya, nos legó Babayi.

         El creador total se ha expresado a pesar de sus condiciones sociales o de sus propias imposiciones, haciendo lo que ha querido mostrar. Aunque no sepa siempre lo que está haciendo o el porqué lo intenta, y,  aunque sólo intuya que es una necesidad llegar más allá de donde está, en el proceso de creación que lo enfrenta a la composición de formas escritas o visuales, está ahondándose hasta rozar con los dedos la profundidad de sí mismo.

         Recuerdo, hace muchos años, que en una ciudad holandesa, en la visita obligada a un centro cultural, se me agasajó desde el jardín con una magna exposición sobre la muerte. No me la esperaba... y, claro, lo que impacta se te graba ahí dentro, sin más, entre los pliegues del temor, pero, a la larga, también te amaestra el magma intelectual. Por contraste, aquella experiencia podría poseer la sutil pretensión de intentar demostrarme que estaba entre los vivos, enseñanza de la que hoy día no sólo dudo sino que pongo en cuestión a cada grano de arena que pasa por el diábolo del tiempo humano.

Me sorprenden y encantan los alegres cementerios de Pedro González.

En esos lienzos bellísimos -de los que él mismo se atreve a anunciar que no se venderá ni uno- asistimos a la cartografía mental de una conjunción de camposantos imaginados donde se entremezclan la viveza de los colores con el terror con el que algunas religiones han connotado el territorio de la muerte. Una reducida geografía ciudadana donde se ostra el cuerpo para que otros seres lo devoren y hundan en el olvido transmutándolos por los estadios de tierra, madera, metal, agua, fuego y aire -lo que los bioquímicos llamarán quizá Ciclo de Krebs.  Los cementerios de Pedro González se pueden visitar sin que acabemos la travesía tristes o indiferentes -bueno, quizá con el de tonos grises la cosa sea distinta.

        En verdad la muerte no existe, sólo es cuestión de aceptar la integradora función del conocido ciclo carmático o la sustancia última de la compasión que nos lleva al vacío. También desmantelar todo su andamiaje imaginativo.

          La muerte, sin el soporte de ningún marco imaginativo, se hará innecesaria.

Om Ah Hum purifica de los temores.

Recuerdo una hermosa película protagonizada por el gran Burt Lancaster, donde el personaje principal hace un recorrido físico, y a la postre espiritual, nadando por todas y cada una de las piscinas de la zona más rica de la ciudad. Cuando vuelve al lugar de partida -¿habría que decir que cuando osó tornar a Ítaca?- la decrepitud y la muerte le devoraron la memoria.

¿Recorrer todos los cementerios nos tornará a la vida?

Escribir, pintar, cantar, bailar, cocinar, tener hijos, recibir premios y honores, gozar de los bienes materiales ¿nos devolverán algún día al ser que yace escondido tras la soledad y el susto de saberse vivo?


Om Mani Padme Hum abre al lenguaje de la compasión.

Pedro González pinta y... ya está. ¡Y cómo pinta! No hay que darle más vueltas.


Fotos del Teide y otros fantásticos espacios

Escrito por albertoomarwalls 17-12-2009 en General. Comentarios (2)
     El fotógrafo Pedro Hernández Rodríguez ha tenido la gentileza de enviarme el contacto de su página. Son fotografías bellísimas de nuestra geografía. Les recomiendo que tomen buena nota de su dirección: http://www.canarystudio.com
     ¡Que lo gocen!