Alberto Omar Walls

Mis homenajes fotográficos al Teide

Escrito por albertoomarwalls 02-07-2007 en General. Comentarios (0)

Una de mis fotos al Teide. Cada atardecer es único.  http://albertoomarwalls.blogspot.es/img/Teide1.jpg

Gritos de Caín

Escrito por albertoomarwalls 29-06-2007 en General. Comentarios (1)

          El respeto social se aprende en las tertulias, escuchando. Dejar decir, hablar y esperar a hablar. Al parecer esa norma se rompe cuando se desata la pasión. Parece que estuviéramos viviendo una época en que da por revisar mitos y creencias que ha acompañado durante siglos. La vida es estar en crisis permanente y la mente grupal que habita en el humano evoluciona más lento que los hallazgos técnicos. Hay un gran abismo entre la ciencia y el hombre. Evolucionamos como en algunos bailes, dos pasos adelante y uno atrás, mareando el ladrillo, encontrándole sólo sentido al ritmo que marcan otros. Me comentaba mi último contertulio, en medio del ruido de una cafetería donde junto a la televisión encendida estaban algunos parroquianos discutiendo de fútbol en alta voz, que los hijos del ciego Edipo estuvieron más comprensivos con su padre que Abel y Caín. Este amigo de la tertulia vociferante es uno de los que insiste en analizar los niveles de paradoja en que algunas de nuestras antiguas escrituras nos han situado. Y me preguntaba, arqueando las cejas, si Eva y Adán gestaron dos hijos tan opuestos en el comportamiento como el yang y el yin, pero no así en la sexualidad, ¿cómo se las apañaron con la descendencia? Me sentía un poco mareado con el griterío y no estaba para esos asuntos en medio de aquel templo futbolístico. Pero se empeñó en sacarme a la luz algunas de las viejas incertidumbres donde fundamos nuestra cultura. Mientras reía y gritaba para hacerse oír, decía que nadie nos advierte a tiempo de que nuestros primeros padres debieron tener más hijos. Por ejemplo, un par de hembras. Ahí situaba ese amigo de la copa y puro que en algún momento la relación íntima entre hermanos fuera obligada para la descendencia. Las escrituras sagradas judeocristianas sólo se detienen en la dicotomía binaria del mal y el bien de ambos machos, pero no se preocupan de resolver las relaciones de consanguinidad que en las atávicas circunstancias se tuvieron que dar. En lo referente a la costilla, muchas otras historias de las religiones comparadas insisten en parecido elemento anatómico tan curioso. Suponía él que se referirían a una de las costillas flotantes. En verdad me importaba aquello poco -le decía a mi contertulio-, me interesaría sólo cuando descubrimos las contradicciones estructurales sobre las que nuestra sociedad funda sus creencias. Él insistía en que con sólo aquellos ejemplos nos podemos dar cuenta que nuestros cimientos se fundaron sobre conceptos movedizos.

         Le advertí del valor metafórico de muchos escritos tenidos por sagrados y que sin mitos es imposible convivirnos, pues a ellos las sociedades deben su estabilidad mutable y la posibilidad de pervivir en los momentos de crisis.

Pero él insistía en buscarle relación lógica a las cosas del ayer con los aspectos sociales de hoy. Hasta afirmó categórico que, tras el asesinato de Abel, todos nosotros somos hijos de Caín. Y decía que cada vez que una sociedad comprueba en su momento presente que está resquebrajándose en sus valores, es corrupta en sus conductas, quebrantada en sus pilares, dolorida por sus ineficacias y desconcertada en sus rumbos, debería volver a indagar en sus ancestros para así hallar su condición más profunda, más íntegra y espiritual.       

         De ahí saltó a algo más concreto, y dijo que el canario tiene un problema grave con respecto a esa cuestión, y es que no ha sabido resolver la crisis de ser islas, y que ha olvidado quién es o con qué sustancias se cuajaron sus urdimbres vitales. No es que no haya manera de descubrirlo -agregó-, lo que ha ocurrido es que ha estado de espaldas a su pasado y, mientras en muchos años se miraba el ombligo, creyendo que esa responsabilidad no iba con él, ha llegado a imaginarse que nació de sí mismo, y con ese aserto ha tenido bastante. Para cuando lo intentaba convencer de que todo el mundo posee sus propios ritos y mitos sobre los que se sustenta, en el bar se oyeron alaridos de energúmenos. Fuera ya del local, con una sola voz unánime oímos gritar ¡Goooool!               [Alberto Omar Walls, La Opinión de Tenerife, 17-6-2007]

 

Olvido o respeto

Escrito por albertoomarwalls 26-06-2007 en General. Comentarios (2)

http://albertoomarwalls.blogspot.es/img/NuestromaravillosoTeide2.jpg 

                                                       Olvido o respeto

 

       Comenzó como un fenómeno social en mil novecientos setenta. Hablamos de la narrativa que inició su andadura con la fuerza de un torrente. Se llamó boom imitando la moda hispanoamericana. Las novelas que se escribieron antes pasaron sin pena ni gloria, pero desde que se produjo la publicación de Guad de Alfonso García Ramos, quienes entonces éramos jóvenes, por puro descaro vital, irrumpimos en medio de la atonía social del archipiélago ocupando la atención de páginas y revistas literarias de todas las latitudes. Junto a Alfonso aparecimos Juan Cruz, Alberto Omar, Luis León Barreto, Luis Alemany, Víctor Ramírez, Luis Ortega. Pronto llegaron muchos más... Se produjo una traslación semántica en favor de la narrativa, porque se provocó una desfuncionalización de las ocupaciones creativas de todo lo anterior. Así nacieron las novelas de los setenta, y si tenemos en cuenta que la mayoría venía de otras especialidades, la novedad del narrar podría sorprender si no hubiera una razón oculta tras aquel sorprendente tinglado (como diría Pérez Minik). Al menos dos cuestiones justifican el accidente generacional: una metamorfosis funcional del hecho creativo y la razón oculta. La primera es evidente en un alto porcentaje de los futuros narradores que se agolparon en torno a los ecos del Premio Benito Pérez Armas: Juan Cruz Ruiz y Alfonso García-Ramos nacen del periodismo; Alberto Omar Walls del teatro y cuentos publicados en las páginas literarias; Luis León Barreto, de la poesía y el periodismo (aunque estrena narrativa algo antes), Fernando Delgado de la poesía, J. J. de Armas Marcelo de la poesía; Luis Alemany del relato corto y el teatro; Rafael Arozarena de la poesía; Emilio Sánchez Ortiz, del relato corto y la poesía; Luis Ortega del teatro, periodismo y la poesía; Juan Pedro Castañeda, de la poesía; Félix-Francisco Casanova, de la poesía; Elfidio Alonso del periodismo, teatro y el relato; Orlando Hernández del teatro; Pedro Perdomo Azopardo del periodismo... Visto el asunto, habría que analizar los comienzos de cada uno por separado, partiendo desde cuales fueron sus puntos de inicio; así las cosas, observaríamos que cada novela dependería en mucho de su poesía, de su periodismo, de su teatro... Quizá quienes antes o después escriben en las islas, directamente cogidos de la mano del narrar, pudieran ser contados con los dedos de una mano: Juan-Manuel García Ramos, Víctor Ramírez, Esperanza Cifuentes y, desde luego, Isaac de Vega.  
          Distintas generaciones y edades se agolparon en torno a la novela. Y vayamos a observar lo que llamamos razón oculta: el momento social pedía a gritos salirse del interior del individuo, para extender las manos y meterlas en el plato social. Así justifico la presencia de la novela, por un deseo de explicar tanto el mundo interior del artista como para mostrar las voces sociales que en su magín habitaban. Y en ese ejercicio todo se transforma y subvierte. Subvertir la cotidianeidad en un escritor no es empresa que suceda por las buenas, más aún cuando coincide el mismo hecho en tantos creadores de distintas generaciones que conviven en el mismo territorio fragmentado. Este cambio brusco de actitud ante el instrumento motivador de la creación, esa metamorfosis interna que nos obligaba a mostrar un producto absolutamente distinto, expresado en novela, no se habría producido si el estado social no estuviera exigiendo la mutación de sus coordenadas creativas o el cambio rotundo de puntos de vista y resultados. El escritor reclamaba a su manera, usando la novela, un estado de derecho cultural. Porque el intelectual sí que se ejercía entonces. He tomado en alto este guiso indiscriminado de escritores y observo que quedan hoy los que el viento del tiempo ha cernido. Haciendo el análisis sin nepotismos hay un gran puñado de libros que reclaman releerse. Nuestra novelística, la vieja y la nueva, debería tratarse con mayor interés y consideración, pues conforma parte del patrimonio canario. [Alberto Omar Walls]
 

La Opinión de Tenerife (24/06/07)

Pocos, muy pocos saben decir bien el verso

Escrito por albertoomarwalls 23-05-2007 en General. Comentarios (8)

              Ayer en el Ateneo de La Laguna oí recitar a un magnífico actor murciano: Manuel Navarro. Sacó a la luz tanto los poemas que habíamos oído en la infancia como esos otros que ya nos habitan en la desmemoria. Es muy difícil recitar tan bien como lo hizo. Doy clases en la Escuela de Actores de Canarias de interpretación del verso y sé de qué me hablo... No basta con ser un buen actor, hay que saber decir el verso al tiempo que lo comunicas, llevando en la palma de tu mano parte del alma ignorada del poeta, del poema, y de todas las lecturas posibles... ¡Casi nada!

              Bien, inauguro con esta nota mi blog(http://albertoomarwalls.blogspot.es), que no comienza precisamente hablando de literatura, pero sí de un arte que a mí me ha acompañado siempre: la interpretación. Aquí dejo un poema de Bécquer, de lo más poderoso, sugerente y actual. Un fuerte abrazo a todos los que me lean esta primera carta del blog; luego ya veremos en qué queda la cosa...

 

GUSTAVO  ADOLFO  BÉCQUER

        Olas gigantes que os rompéis bramando

En las playas desiertas y remotas,

Envuelto entre las sábanas de espumas,

Llevadme con vosotras.

 

Ráfagas de huracán que arrebatáis

Del alto bosque las marchitas hojas,

Arrastrado ciego torbellino,

Llevadme con vosotras.

 

Nubes de tempestad que rompe el rayo,

Y en fuego ornáis las desprendidas orlas,

Arrebatado entre la niebla oscura,

Llevadme con vosotras.

 

Llevadme por piedad,

Por piedad, adonde el vértigo

Con la razón me arranque la memoria,

Por piedad, tengo miedo

De quedarme con mi dolor a solas.