Alberto Omar Walls

General

Me gustan las rosas rojas

Escrito por albertoomarwalls 25-10-2009 en General. Comentarios (0)



    Me gustan las rosas. Las rojas tienen algo que me seducen. Pero deben ser olorosas, de piel limpia y suave, carnosas pero sin complicaciones, cambiantes según la luz y vívidas cuando están en el vacío de la noche. Pero no soy de un color solamente, ni siquiera de una flor específica, ni planta, arbusto o árbol únicos. Aunque me gustan las rosas rojas, también amo el sabor del sushi perfecto o correr con un BMW sin miedos, acariciar las olas del mar cuando chocan contra las rocas, y gritar cerca del Teide...   Unas rosas rojas siempre hablan de amor, estés o no enamorado. Sabemos los significados emocionales de los colores, pero poco me importan cuando tengo cerca el goce exquisito de la perfección de una rosa.
    ¿Y han visto las menuditas margaritas que, atrevidas, se intrometen en medio de un macizo de hierbas? Son perfectas en su simplicidad y, desde ese don se arriesgan a competir con las rosas.
     Por eso, hoy, quizá, me haga, para colocar en el búcaro de la mesa, junto al ventanal que mira hacia el mar, un hermoso ramo de rosas rojas entremezcladas con margaritas silvestres amarillas...

César Manrique hace treinta años

Escrito por albertoomarwalls 04-07-2008 en General. Comentarios (2)

CONVERSACIÓN  CON  CÉSAR  MANRIQUE

 

                                            por Alberto Omar Walls

 

Ítaca te regaló un hermoso viaje.

Sin ella el camino no hubieras emprendido.

Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.

Rico en saber y en vida, como has vuelto,

comprendes ya qué significan las Ítacas.              

                                            C. Kavafis

 

               Se trata de un homenaje a César. Rebusco en archivos antiguos y cuando encuentro y abro la vieja carpeta, los papeles se muestran amarillos y desconchados por los bordes. ¡Casi treinta años ya...! En esa época me gustaba ir a casi todos los sitios con mi magnetófono al hombro. Aquellos aparatos eran un tanto pesados y te hundían el hombro. No es como ahora que te cabe el casette en un bolsillo y ni siquiera usas cintas grabadoras. Aunque estudiaba y trabajaba al mismo tiempo en la Universidad de La Laguna -era secretario particular del rector Jesús Hernández Perera, una de las personas más buenas que jamás haya conocido-, mis inquietudes artísticas me llevaban a meterme a fondo en toda suerte de acciones que tuvieran que ver con la cultura: por eso andaba en cosas de los libros, del teatro, el cine, la radio, la prensa... Y estaba también uno al día de dónde se cocinaban las movidas culturales dentro y fuera de las Islas. ¡Para qué vamos a engañarnos!, en esta geografía insular nuestra, entonces mucho más fragmentada que ahora, no había muchos epicentros que generaran interés cultural; pero uno de esos excepcionales lugares lo formaba El Almacén y su creador e imagen vital, el artista César Manrique. Ya nos habíamos conocido en 1974 cuando se inauguró el Teatro de El Almacén con una obra mía, titulada La estatua y el perro, dirigida por Eduardo Camacho y escrita expresamente para su grupo de sordomudos Los Ambulantes. Volvía en esos momentos de nuevo a Lanzarote, tres años después, porque mi hermano Yamil Omar exponía en El Aljibe, la sala de arte de El Almacén.

               De César me había llamado la atención, desde un principio, la especial humanidad que transmitía, el torbellino de energía que dinamizaba a su alrededor y el gran cariño que le expresaba a la vida. A la sustancia de vivir. Y el que lograra hacerte ver que la simpatía podía ser mutua... Sus palabras eran borbotón, noria, montaña rusa o cuchillo, dependía del tema del cual estuviera hablando, pero nunca eran indiferentes a lo que la existencia le plantaba delante. ¡Era un imán en movimiento, gracia y poder! Dominaba la situación como nadie y jamás pasaba desapercibido. Quizá porque fuera tauro... Eso se le notaba en sus determinados gustos por las cosas sencillas y por todo lo que supusiera tesón y mover montañas. Es decir, el uso de la fe en lo que hacía, en sus proyectos. Quizá por ello no podía parecerte raro oírle decir que quien se proponía algo lo conseguía, viviera en una ciudad grande o pequeña. Porque sólo era cuestión de proponérselo...

               - ¡Quien se propone algo, mueve montañas...!- me dijo serio, tajante, con sus ojitos taurinos retándome desde muy adentro.

Estábamos en el restaurante de El Almacén. Mientras conversaba con César –ante el magnetófono de ruedas grandes que giraban y giraban-, allí con nosotros estaban también Pepe Dámaso, Yamil Omar y su esposa Sizsi Zajtai, Alfonso Armas Ayala, Francisco Morales Padrón y el poeta Agustín de León. En medio de la entrevista con César se producía una conversación paralela en la mesa donde se cruzaban opiniones sobre Néstor y la belleza de su Poema a la tierra… ¡Pensar que el Poema a la tierra esté encerrado por inmoral!, ¡qué vergüenza, coño, de país...!, dijo César atendiendo a las dos bandas.

Yo me había cifrado el sano objetivo de hacerle una entrevista a César Manrique, con lo que no sin ciertas dosis de paciencia lograría reconducir las preguntas para que él pudiera ir desgranando opiniones sobre sí mismo, su infancia y adolescencia o su dimensión artística... 

- Fue en La Caleta donde yo comencé a tomar conciencia de la belleza de vivir, de la belleza del mar, del aire, de los peces, de las barcas varadas, de los marineros durmiendo, de la manera de cocinar en cocinas humildes, con los marineros, comiendo en su propia cocina... Recuerdo perfectamente a un viejo marinero amigo mío y a su familia, que se llamaba Feliciano, que vivía al lado de mi casa... Nos fugábamos por la noche con todos mis amigos, con todos los chicos, hijos de los marineros... Para mí fue una infancia felicísima, llena de fantasía...

-¿Ya pintabas entonces?

- Dibujaba continuamente una serie de motivos. Fue una infancia llena de fantasía y de un concepto puro de la vida. Creo que esta infancia fue especialmente importante para mí, ya que lo que tú recibes de niño te queda marcado para el resto de tu vida. La educación infantil es importantísima. Lo que se dé a un niño para que todo él pueda estar marcado de una línea de conducta, con un concepto sano o podrido de la vida... Todos esos niños que se crían en grandes ciudades, en medios inhóspitos..., eso es muy grave para los futuros desarrollos de la vida de un ser humano. El viejo campesino tenía hijos felices, ¿comprendes?, porque vivía en un entorno de pureza... Han contemplado las estrellas..., tienen  un estado de pureza, donde han visto a los animales trabajar de una manera positiva, y no en las grandes ciudades donde sólo han visto automóviles, olido gasolina..., tantos semáforos, la agresividad y falta de humanidad...¡Por eso en mí jamás ha habido una depresión moral!

-        Sí, muy importante la niñez...

-        Yo, a partir de los siete años... viví en un medio lleno de pureza, belleza y libertad. Me bañaba en la playa de Famara como un bicho más. Desnudo..., cruzando láminas de perfecta agua, donde se reflejaban los riscos, con una limpieza impecable... Todo eso condicionaría a cualquier ser medianamente sensible. A mi me ha condicionado para el resto de mi vida. Por eso yo soy un panteísta y amo la naturaleza por encima de todo...

-        La infancia como juego y aprendizaje...

-       Luego, algo más joven, viví en Macher, donde mi padre tenía unas fincas. Yo jugaba bajo las higueras, corría por las fincas. Fue una época igualmente feliz. Somos cuatro hermanos... Yo soy gemelo con una hermana y no nos parecemos en nada. Mi hermana es tímida, introvertida, de una bondad infinita. Yo soy extrovertido, vital, de un gran entusiasmo...

- ¿Recuerdas la primera vez que lloraste de desconsuelo por algo?

- Yo creo que no lloré nunca. Casi...

- ¿Y ese casi? ¿Esa vez que lloraste?

- No recuerdo exactamente el por qué lloré la primera vez...

- ¿No?... ¿Tus padres te castigaron alguna vez?

- Mi madre, nunca. Mi padre, sí... Recuerdo... hummmm... creo que eso me condicionó un poco, aunque no de una manera muy... Porque yo he sido siempre muy vital, postivista en el sentido que tengo de la alegría de vivir. Por el medio que me ha rodeado... Bueno, recuerdo que mi padre me pegó una vez una paliza enorme (enfatiza el adjetivo), porque yo tenía miedo a quedarme a dormir en la oscuridad... ¡Porque yo amaba tanto la luz...que..., cuando me apagaban todas las luces para que me quedara dormido, me daba un posible miedo y... lloraba! Mi padre llegó un día y me dio tal paliza en la oscuridad (aquí hay un nuevo énfasis), que me hizo daño. Mi madre se quedó un poco..., muy disgustada, al ver que...., cuando encendió la luz y me vio los cardenales en el cuerpo... Porque mi padre me pegó sin verme...

          Lo miré respetando los segundos de su silencio interior. Pronto sobrevino la capacidad de perdón del adulto que en esos momentos miraba hacia atrás sin ira, y agregó:

- Eso no creo que me haya condicionado. Sin embargo, a otro niño cualquiera creo que le hubiese condicionado. No, no creo que me haya condicionado...

- ¿Tímido?

-        No, nunca he sido nada tímido. Yo me rebelé, incluso en contra de mi padre, en un montón de cosas. Por ejemplo, mi padre no quería que estudiara pintura. Mi padre quería que fuera un niño vulgar, como todos los niños. Pero yo no era como todos los niños; yo no quería jugar a lo que jugaban todos los demás niños. Yo me iba con gente...

-        ¿Qué es tan importante en la vida?

-        Uno de los grandes males que tienen los hombres es no tener conciencia clara de lo que significa la vida. Es algo tan corto, tan ligero..., que no nos damos cuenta de la eternidad que tenemos antes de nacer y después de morir...

-        ¿Crees que esas almas quedan?

-        No, yo no lo creo; no afirmo ni niego nada. Creo en todo y no creo en nada... Creo que lo que puede quedar es una especie de energía, una posible inteligencia en abstracto, sin lógica o como pura energía... Creo que la inteligencia la tendría el gran banco cósmico, la única entidad universal que puede tener inteligencia para repartirla.

-        ¿Cómo la llamarías?

-        Llámalo como quieras: Dios, la energía del cosmos, la mecánica del universo... Yo no creo en el alma como cree la mayoría de la gente. Cuando comenzaron a formarse y organizarse los primeros gérmenes de vida, no había almas... Ahora la humanidad se está multiplicando, hay una explosión demográfica verdaderamente alarmante...

-        ¿Qué significa para tí la Coca-Cola?

-        ¿Para mí...?, ¡la mayor denigración de la Coca-Cola es haber llenado el planeta entero de publicidad, hasta en los rincones más insospechados! Por ejemplo, estuve en un pueblo de frontera de la China comunista, donde llegué a ver sus anuncios, me asombré y dije ¿cómo es posible que haya podido llegar a invadir el planeta entero? ¡Yo, a la Coca-Cola, le pondría la multa más impresionante de la historia de la humanidad!

-        Pero con la publicidad...

-        ¡Para mí, la publicidad, debería ser para fomentar el bienestar del hombre! Lo que prohibiría, si formara parte de un Estado consciente, es la publicidad gratuita, que sólo está para hacer ricos a cuatro señores a costa de lanzamientos de productos que no son beneficiosos para el hombre...

-        ¿Y el erotismo que se ha metido a través de la publicidad?

-        Lo que ha pasado con el concepto erotismo es que ahora hay una nueva conciencia de libertad. Durante siglos y siglos hubo una gigantesca represión que lo único que ha hecho es crear millones de seres desgraciados.. Sin embargo, hay un exceso de preocupación por lo erótico que acaba confundiéndose con la pornografía que, para mí, es repugnante. El erotismo lo veo como un grado superior de concentración de todas las fuerzas humanas en la sensualidad, ¡no la sexualidad!; en la sensibilidad del ser vivo para poder gozar de todos los matices que se nos ofrece...

-        ¿Que es para tí la muerte? ¿Tienes miedo a la muerte?

-        La muerte es el estado perfecto, porque la muerte no tiene la más mínima conciencia del tiempo. ¡Da lo mismo treinta millones de años...! Sólo tengo miedo a la conciencia de morir a través del sufrimiento físico. Sí, también me da miedo el no haber tenido tiempo de realizar todo lo que está metido en mi cabeza. ¡Tengo tal cantidad de cosas por hacer que creo que morirse a los ochenta años es demasiado corto!

-      ¿El mar...?

-        Me crié a la orilla del mar. La pureza de mi mente me viene de ahí. El verdadero concepto de artista es el que tiene una visión amplia y dedicación a todas las artes. Desde los caldeos, asirios, egipcios...

-        ¿Tu pintura?

-        ¿Mi pintura? ¡El concepto del espacio...! Los espacios, para mí, se fueron haciendo cada vez más cortos. Todo se me hacía pequeño y miserable. ¡La dimensión era reducida! No tenía el suficiente aire para respirar... Con cierto temor de claustrofobia espiritual...

-        ¿El artista?

-     ¿El artista? Lo que desea es trabajar absolutamente libre y crear en cualquier medio. Yo me vine a Lanzarote como un anacoreta. He hecho cosas en esta isla absolutamente gratuitas. A mí me gusta hacer lo que quiero... Yo estoy totalmente enamorado de la arquitectura popular. Los arquitectos se han intelectualizado demasiado y han hecho arquitectura fría. El arquitecto moderno debería poner sus conocimientos científicos al servicio de una mejor comprensión del verdadero confort que posee la  arquitectura popular. Yo creo haber logrado esa combinación en mi propia casa de Tahiche...

       La conversación paralela sobre Néstor de la Torre se había caldeado en esos minutos. César, ¡seguro!, estaba escuchando todo lo que se producía a su alrededor, por eso no cabía en su condición estar callado sobre aquel asunto que hería su sensibilidad e intervino, diciendo: ¡Si yo soy presidente del Cabildo de las Palmas ¡vamos! presento a bombo y  platillo la obra de Néstor y hago una gran fiesta. Una exposición para él solo fuera del museo! ¡Una exposición digna de Néstor, con la categoría que significa Néstor de la Torre en el mundo...! Alguien llegó acompañando a un visitante de apellido catalán, creo que se llamaba Font. César se vio en la necesidad de levantarse e ir a dar con ellos. El continuar la conversación se dejó para otro momento, no obstante tuve la sensación de que ya me había comunicado cuestiones muy importantes. Hoy, que reconstruyo aquella entrevista treinta años después, descubro con asombro la auténtica profundidad y actualidad de su manera de pensar. 

             ¡Salud eterna, allá donde estés... Maestro César!



[La foto nos fue hecha por Guerra, en 1987. Estamos: César Manrique, Fernando Delgado y Alberto Omar Walls ]

Manopuntura coreana o la sanación desde el corazón

Escrito por albertoomarwalls 29-06-2008 en General. Comentarios (12)

humilde palillo de madera

 

            Estábamos cenando en un restaurante. Hablábamos de todo. Me sentía muy bien acompañado con dos buenas amigas y la conversación discurría con naturalidad, por lo que íbamos de un tema a otro con absoluta limpieza. Era cómodo nuestro encuentro y la comida y la bebida eran excelentes. Una de las amigas comentó que había estado visitando en Mijas un museo de miniaturas con piezas realmente extrañas y excepcionales. Por ejemplo: el Padre Nuestro se halla escrito en el borde de una tarjeta de visita, la cara del presidente Abrahan Lincoln está pintada en la cabeza de un alfiler, una bailarina de ballet se encontraba tallada en un palillo de dientes, una batalla naval se grabó en la cabeza de un alfiler y hasta la ultima cena de Leonardo de Vinci se encontraba pintada en un grano de arroz…

            Me apoyé en esos ejemplos de objetos tan mínimos, donde se había plasmado arte, para hablarles de la Manopuntura coreana, una especialidad inventada por el doctor Woo Yoo a partir de la milenaria acupuntura. Las expresiones de mis amigas eran de incredulidad, por ello y para asegurarles su eficacia, les comenté que era tanta que hasta con un humilde y simple palillo de madera, cuya función primordial es la de ayudar a escarbar entre los dientes para la limpieza de la boca, se puede llegar a aliviar dolores si es bien utilizado y se acierta con los puntos exactos. Mis amigas en el yantar me seguían mirando incrédulas aunque admiradas con la pasión que le imprimía a la defensa del poder de una diminuta aguja pinchada apenas un milímetro en la piel de una mano.

Por esos gajes de la causalidad, que el azar no existe, la camarera que había estado todo el tiempo atendiendo con diligencia a los clientes del comedor, ante nuestra mesa se paró unos segundos y luego, imprevisiblemente, cayó en tierra de rodillas. No esperó a mucho para levantarse con suma rapidez sin haber dejado caer la fuente de carne que llevaba entre sus manos. Nosotros nos miramos asombrados y comentamos que el dolor en sus rodillas tuvo que ser intenso, pues supimos del ruido de ambos huesos al tronar en contra de la baldosa del suelo. Vimos pronto a la camarera ir de nuevo de un lado para otro portando viandas, aunque observé que de vez en cuando cojeaba y se llevaba una de las manos libres para acariciarse las rodillas. Ni corto ni perezoso, cogí un palillo de sobre nuestra mesa y lo tronché un poco por una de sus puntas para que no clavara y llamé a la camarera. Rápida se acercó a mi llamada, interrogante en el rostro, más un tanto contraído por el dolor. Le pregunté si le dolían aún las rodillas y me dijo que naturalmente, que le dolía mucho, sobre todo la derecha.

En dos minutos le hice un resumen de las excelencias de la Manopuntura coreana  y le dije que con un palillo le buscaría un lugar concreto en su dedo meñique para aliviarle el dolor. Un tanto dubitativa, no obstante alargó su mano y dejó que le pusiera una de la puntas del humilde palillo sobre uno de los pliegues del dedo meñique de la mano derecha. Mis compañeras de mesa no salían de su asombro, por mi desfachatez y por la seguridad con la que actuaba. Hacia los dos minutos, quité el palillo y le pregunté si se encontraba mejor. Me dijo que sí, y antes que se marchara le pedí que me trajera un poquito de papel de aluminio que seguro habría en la cocina. Comenté a mis amigas que le iba a confeccionar un punto fijo con un poco de esparadrapo que llevaba en mi mochilita, junto a otras cosas de primera necesidad, desde una lanceta, hasta agujitas y, como es lógico en un escritor, un bolígrafo, agenda, libreta, libros y una cámara fotográfica.

Cuando volvió la camarera le anudé con una tira de esparadrapo en el dedo meñique una bolita de papel plateado. Al rato le pregunté a la muchacha cómo se encontraba y me dijo que muchísimo mejor. ¡Para qué fue aquello!, una de mis amigas no dudó en reprocharme que la camarera se veía influenciada porque yo era un cliente y no me pensaría jamás llevar la contraria, viéndome tan apasionado y convencido con el invento, por lo que dio el asunto por zanjado y se cambió de tema. Quedaban muy convencidas ambas de mis dotes teatrales pero en absoluto creídas con la posible eficacia de la acupuntura. Les planteé, para que comprendieran mi actitud, que yo no había pretendido adquirir poder o mostrar algún tipo de dote especial, de esa manera mi acción hubiese sido mezquina. Sólo buscaba ayudar y que sí les podía dar la razón en que no me había parado a pensar antes en que a la muchacha le apeteciera o no prescindir de su dolor. Que con mi acto, por un lado le había anulado la posibilidad de experimentar todo el desarrollo de su dolor -hasta llegar a su principio hallando la causa-, aunque por otro le había mostrado que existía un camino natural para la intervención libre en los procesos del sufrimiento humano.

Nuevamente la no causalidad vino a confirmar el viejo axioma oriental de que la conciencia es infinita. Habíamos pedido las copas del final de la cena y una de mis amigas se estaba tomando una con hielo. Inopinadamente, se le interrumpió el habla y comenzó a hipar. De tal manera se le apoderó el hipo de su abdomen, que el susto o la sorpresa le saltaron pronto a la superficie de su rostro. La otra compañera dijo que había que darle un susto, también que bebiera a sorbitos cortos o que tragara aire y lo contuviera en los pulmones… ¡Yo qué sé cuánto remedios se barajaron en unos minutos! No esperé a otra oportunidad. Agarré el primer palillo que ví y le dije: ¿me permites que intervenga sobre tu mano con este humilde palillo de madera? Ella afirmó con la cabeza entre hipos descontrolados...

Cuando la punta del palillo se depositó sobre la palma de su mano, al instante el hipo desapareció y la tranquilidad le tornó a los ojos y al rostro. ¿Ya está?, me preguntó sorprendida, sin atreverse a ser incrédula pues a la vista estaba lo que para ella tenía que ser un milagro. Para evitar que se fuera al extremo opuesto y transformara aquel hecho en religioso le indiqué que el palillo había sido depositado en la palma de su mano en el punto de reacción que le correspondía en el cuerpo con el diafragma: ¡pura técnica! Tuve que explicarle que, por supuesto, no todos los casos de hipo eran así de sencillos y que en ese momento estaba muy claro a qué había sido debido.

Cuando nos despedíamos, horas después, me mostraba la palma de la mano extendida en el aire y decía llena de sorpresa y agradecimiento: ¡todavía no me lo puedo creer, que un humilde palillo de madera me quitara el hipo esta noche!

 

Oculta maestría

Escrito por albertoomarwalls 24-06-2008 en General. Comentarios (0)

 

            Sabía que tenía que comunicarse con alguien especial, que comprendiera este mundo sólo con mirarlo y que con su conocimiento pudiera ir tan lejos como le marcaran sus dos infinitas cualidades, bondad y voluntad. Debía lanzar lejos el sedal para enganchar al pez tan esperado. Intuyó que lo descubriría, porque esa mañana una nube verde voló hacia el poniente, también creyó oír una voz serena, de contadas y justas palabras, que le indicaba un camino. Entonces corrió hacia las playas del oeste, pero la voz se había alejado ya y en su mente retumbaba un eco huero. Sin saber porqué le asaltó la idea de ir a la vieja casa de la infancia. No fue fácil hallarla. Tuvo que propiciar el aprender a soñar con los ojos abiertos. En lo profundo de la noche encontró la vieja biblioteca. Presionó un botón oculto tras "El ser y la nada" y, al instante, todo cambió de lugar. Olió la humedad añosa, aunque entraba desde una ventana una tenue luz de congelado atardecer. Estaban allí unos libros sagrados apilados en montones como para una mudanza. En la pequeña habitación había una alfombra extendida en el suelo hasta los zócalos, dos candelabros con sus respectivos velones y colgado en la pared un grabado antiguo que representaba el Nacimiento de la Duda (Vovelle, Laplantine y Chartier). Encendió los velones y pronto se disipó el olor a humedad. Se sentó en un taburete en medio de la habitación.            

            La luz del ventanuco giró ocultándose tras las sombras.

            La vejez le había enseñado que no hay distancias en el universo y que, a través de la Luz, tanto los mensajes como los cuerpos podrían atravesar tiempos y espacios. Necesitaba una palabra de Conocimiento, pues fue amigo de la búsqueda durante muchos años. Estaba atento a la enseñanza y creía por eso merecer un nuevo mensaje o una llegada nueva, no importaba cuál fuera el procedimiento que se usase. Pero su instinto estaba sordo, y el mundo andaba sin oídos. El lenguaje se había quedado ciego, nadie escuchaba tampoco su desmayada voz en el amanecer. Creyó haber hallado un santuario y sin embargo su desvalimiento demostraba que sólo había encontrado un simple cuarto habitado por la nada más desabrida. Una anodina habitación de anticuario.

            Dejó de soñar despierto y volvió a la casa para acostar su cansancio. Cuando le quitaba la ropa a la piel que le daba apariencia al cuerpo, metió la mano en el bolsillo y sus dedos tropezaron con una tarjeta postal que mostraba una imagen espléndida del Bósforo. Lo único que se había traído de la biblioteca. Algo le empujó a mirar el reverso y leer el pequeño texto que estuvo allí esperando a que, por fin, y por primera vez, alguien quisiera entender su escueto y sencillo mensaje. Con tinta verde y letra ágil, un ser desconocido le había escrito hacía mucho tiempo lo siguiente: "Dentro de ti está tu propio maestro".

(Alberto Omar Walls lo publicó en el diario La Opinión de Tenerife, el 09-02-2008)

Un baile del dos de magos

Escrito por albertoomarwalls 17-06-2008 en General. Comentarios (0)

http://albertoomarwalls.blogspot.es/img/Bailemagos.jpg 

Tiene mi madre ciertas fotos con valor sentimental a las que uno le da mucha importancia. Esta de aquí fue hecha en el ya desaparecido Frontón de Santa Cruz de Tenerife, seis días antes de que me pariera Amparo Walls en la Calle La X. Se trata del tradicional Baile de magos, por tanto, la instantánea es del dos de mayo de 1943. Por eso la titulo "Un baile del dos de magos". Estaba de bote en bote el famoso Frontón, pues allí estaría la mayoría de la gente joven de la ciudad. Quizá alguien aún pueda reconocer algún rostro familiar. Fue un lugar que aglutinó a muchísimos aficionados de los muy variados juegos y deportes: la pelota, el frontón, el patinaje, la carrera de galgos y ¡hasta las riñas de gallos! Estaba al lado de Los Salesianos, al final de la calle Ramón y Cajal, cuando aún estaba sin conectarse por abajo con La Noria, pues se hallaba cercenada la calle por una tapia. Recuerdo aquel emblemático lugar como un espacio lleno de alegría y vitalidad...