Entrevistas con Fernando Gabriel Martín

Escrito por albertoomarwalls 22-11-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

Fernando Gabriel Martín, catedrático de Historia del Cine y Medios Audiovisuales de la universidad de la laguna (tenerife. españa)[1]

 

- El amor en el cine es uno  de los mayores engaños del siglo XX

- ¡Viva el amor consentido!

 

          El que entraba en aquel despacho a entrevistar al Catedrático de Historia del Cine y Medios Audiovisuales, quería indagar en aquel hombre sobre todo la clave del secreto del porqué enamora con sus clases a tantos alumnos. Sabía que para conseguir descubrirlo en tan inusitado arrobo debía indagar con sus preguntas allá donde nace la pasión de la palabra. A pesar de todo, quien allí entraba temía que sus preguntas no sirvieran de contraseña suficiente para inspirar en las respuestas el fuego del intelecto juntándose a los sentimientos. Fuera de la deuda a los dones cedidos por Prometeo, temía que un binomio tan simple como la relación pregunta-respuesta impidiera la posibilidad de llegar hasta el hombre profundo que sabía subyace en Fernando Gabriel Martín.

          Puede que fuera por eso por lo que quiso comenzar con una primera pregunta que quizá anulaba las dudas posibles: ¿Qué le gusta más de la vida? Respondió de inmediato: los amigos y el afecto, -luego, añadió- porque son la razón de la vida. Tampoco creo que pueda existir vida sin utopía, sin un sueño. Los que venimos de otra generación creíamos posible cierta utopía, un cambio, cierta igualdad, un nuevo sentido de la justicia, de la solidaridad... Comparo los alumnos de los 70 y principios de los 80, de una universidad muy comprometida con la realidad, y la universidad de hoy, que es una fábrica de títulos, donde el estudiante no es rebelde... No me refiero a una rebeldía estéril sino a una rebeldía de confrontación, de entendimiento... No planteo una crítica hacia ellos, creo que son víctimas, sin duda, de un sistema, de una educación...

         Quien lo mira, le interroga nuevamente: Goethe decía que a la vida hay que darle lo que la vida nos exige, ¿las exigencias se renuevan? La pasión le brota a borbotones por los ojos, y dice que no se puede vivir sin la poesía de la vida, que cree en la coherencia personal y en la ética personal, que vivimos una época que está llena de simulacros. Los valores perdidos no están enterrados, porque la historia es una maestra sobre todo para aprender lo que no se debe hacer... Se rompe la concentración porque el del magnetófono mira la cinta dar vueltas a través del cristal del pequeño aparato, y puede que el profesor interprete el rompimiento de la línea de las miradas como un cambio de intereses, por eso quizá le confiera a su tono un énfasis más acentuado cuando continúa diciendo: ..."Tengo un espíritu anarquista, creía que el verdadero estado del ser humano era el no poder, y aunque lo sigo creyendo ya no lo creo tan en voz alta, para no suicidarme ideológicamente, para seguir teniendo un agarre... el único clavo ardiente al que deben agarrarse los jóvenes con pasión, toda su vida, es la libertad pues ésa es la razón de la vida".

 

- ¿La pasión? -, le pregunta y la respuesta que escucha es tajante:

- No entiendo nada que se pueda abordar sin pasión. Cuando entro en clase se me produce un cambio de personas, doctor Jekill y mister Hyde, yo puedo estar muy mal, muy mal..., pero en clase se produce algo milagroso, se cierra la puerta y ya soy mister Hyde. En ese momento soy la persona más maravillosa del mundo, más entregada, más vocacional, más misionera, ¡quién me mire por una mirilla!... Yo mismo me asombro, ¡qué magia dar clase!

 

         Es la pasión..., ya no hay dudas de cuál era el secreto, por lo que la entrevista, quizá, podría acabarse ahí, pero él sabe que puesto que ha llegado hasta esos círculos íntimos de la persona no hay que abandonar, por eso decide dar media vuelta de tuerca más y pregunta:

- ¿Y el llanto?

 

         No sólo no se asombra sino que le responde con la máxima naturalidad, con la realidad más inocente diluyéndosele entre las miles de rayitas de la palma de la mano:

- Lloro mucho..., ¿te puedo decir una cosa?, cada vez lloro más, sí... y cada vez me gusta más, pero no desde el punto de vista masoquista sino porque es una expresión profunda del sentimiento, como reír. Lloro por las mañanas, lloro cuando me monto en el coche y a lo mejor en un momento me viene una imagen o un recuerdo o en ese momento me siento muy infeliz o veo un perro abandonado y lloro, veo una persona sufriendo o en la calle tirada y me salta la lágrima, y por supuesto en el cine a veces soy una Magdalena... lloré mucho en La delgada línea roja, porque vi como nunca la inutilidad de la guerra y la muerte de los jóvenes en relación con la patria, palabra que cada día...

 

         Al de barba de perilla, quien no paraba de tomar notas, le habló de la poesía, del amor en el cine, de la locura de amar en la vida misma, de la dificultad de la comunicación y de la tragedia de sentirse vivo cuando surge el desastre de la separación (“yo no quiero enamorarme nunca más, no es que no quiera... sí quiero, pero no quiero, no sé cómo decírtelo, quiero pero es que no quiero, o quiero porque no puedo o puedo porque no quiero”, de la libertad de elegir..., pero hacía rato ya que había tenido que cambiar la cinta, lo que el entrevistador aprovechó para preguntarle sobre uno de sus propios mitos preferidos: Segismundo o el mito platónico de la caverna, ¿sería ése uno de los primeros films que se proyectaron hace siglos? Es un guerrero, porque parece que su rapidez mental responde al ritmo de algún fuego subliminal:

- Sin duda!, la gran belleza del mito de la caverna es esa posibilidad de relacionar la creación con el sueño de la vigilia. Lo único es que el hombre fuera capaz de convertir esas imágenes en materia, y tardó 25 siglos en lograrlo, pese a que hubo muchos intentos en la pintura... Segismundo era un moderno y no sé cómo los surrealistas no conocieron a Calderón. Segismundo como metáfora es una idea absolutamente moderna. Sin sueños no viviríamos, moriríamos físicamente, el sueño forma parte incluso de la necesidad humana de la huída. La huída es la única respuesta a la desazón, suele ser la huída muchas veces mental, el viaje...antes que nosotros ha habido miles de hombres que también se han planteado los mismos problemas y que han tenido que reflexionar y han pensado en la utopía y han pensado en la isla desierta y han pensado en ser robinsones aunque sea dentro de su propia ciudad. Tal vez la historia sea cíclica y no hagamos sino volver sobre lo mismo.

 

- ¿El amor en el cine es más poderoso que en la realidad?

- Es profundamente represivo, el amor en el cine es uno de los engaños mayores del siglo XX. Los besos sin lengua, uno no puede comprender los besos en los que la boca no se abra. También para mí de pequeño era represiva la comida en el cine, nunca se comían nada del plato, yo decía: Dios mío y yo con hambre, en la butaca, ¿pero por qué no se lo comen? Es como la pornografía, que me parece el colmo de la represión. La pornografía es una especie de muralla imposible de saltar y sobre todo me parece el cine de terror más puro que hay, porque es monstruoso... La pornografía se creó para el cine antes que para el vídeo y debe entenderse que nos referimos a la imagen en ese tamaño; ver un pene, por ejemplo, o un pubis, o un seno, o un beso, a esa amplificación es realmente terrorífico, porque se exagera la escala, el canon, la proporción, y porque aquello es inhumano, queda en otro lugar y sobre todo los puntos de vista tan imposible cuando las cámaras se colocan debajo de los pubis, en las piernas crean expectativas de miradas que en realidad no son así, quiero decir, el sexo no es así como se representa, y entonces eso crea evidentemente en nosotros sueños, sueños que pueden terminar en una masturbación, o pueden terminar en el deseo reprimido.

 

         Se va el autor del lugar de la cita, es decir,  el intermediario de quien esto escribe. Anda pesadamente por los jardines de Guajara, evitando el viento frío que le azota en la cara. Se pone el magnetófono en la oreja para comprobar que todo está en regla, rebobina y el chirriar de la cinta en su retroceso se mezcla con el silbar del aire. Y escucha las últimas palabras de Fernando Gabriel Martín que surgen potentes, amplificadas:

- ...sobre todo el respeto a la persona... soy un enemigo de la violación, del forzamiento. Enemigo del amor no consentido... ¡Viva el amor consentido! 


[1] La otra cara de... fue una serie de entrevistas que Alberto Omar Walls realizó a determinadas, e importantes, figuras del mundo universitario.