César Manrique hace treinta años

Escrito por albertoomarwalls 04-07-2008 en General. Comentarios (2)

CONVERSACIÓN  CON  CÉSAR  MANRIQUE

 

                                            por Alberto Omar Walls

 

Ítaca te regaló un hermoso viaje.

Sin ella el camino no hubieras emprendido.

Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.

Rico en saber y en vida, como has vuelto,

comprendes ya qué significan las Ítacas.              

                                            C. Kavafis

 

               Se trata de un homenaje a César. Rebusco en archivos antiguos y cuando encuentro y abro la vieja carpeta, los papeles se muestran amarillos y desconchados por los bordes. ¡Casi treinta años ya...! En esa época me gustaba ir a casi todos los sitios con mi magnetófono al hombro. Aquellos aparatos eran un tanto pesados y te hundían el hombro. No es como ahora que te cabe el casette en un bolsillo y ni siquiera usas cintas grabadoras. Aunque estudiaba y trabajaba al mismo tiempo en la Universidad de La Laguna -era secretario particular del rector Jesús Hernández Perera, una de las personas más buenas que jamás haya conocido-, mis inquietudes artísticas me llevaban a meterme a fondo en toda suerte de acciones que tuvieran que ver con la cultura: por eso andaba en cosas de los libros, del teatro, el cine, la radio, la prensa... Y estaba también uno al día de dónde se cocinaban las movidas culturales dentro y fuera de las Islas. ¡Para qué vamos a engañarnos!, en esta geografía insular nuestra, entonces mucho más fragmentada que ahora, no había muchos epicentros que generaran interés cultural; pero uno de esos excepcionales lugares lo formaba El Almacén y su creador e imagen vital, el artista César Manrique. Ya nos habíamos conocido en 1974 cuando se inauguró el Teatro de El Almacén con una obra mía, titulada La estatua y el perro, dirigida por Eduardo Camacho y escrita expresamente para su grupo de sordomudos Los Ambulantes. Volvía en esos momentos de nuevo a Lanzarote, tres años después, porque mi hermano Yamil Omar exponía en El Aljibe, la sala de arte de El Almacén.

               De César me había llamado la atención, desde un principio, la especial humanidad que transmitía, el torbellino de energía que dinamizaba a su alrededor y el gran cariño que le expresaba a la vida. A la sustancia de vivir. Y el que lograra hacerte ver que la simpatía podía ser mutua... Sus palabras eran borbotón, noria, montaña rusa o cuchillo, dependía del tema del cual estuviera hablando, pero nunca eran indiferentes a lo que la existencia le plantaba delante. ¡Era un imán en movimiento, gracia y poder! Dominaba la situación como nadie y jamás pasaba desapercibido. Quizá porque fuera tauro... Eso se le notaba en sus determinados gustos por las cosas sencillas y por todo lo que supusiera tesón y mover montañas. Es decir, el uso de la fe en lo que hacía, en sus proyectos. Quizá por ello no podía parecerte raro oírle decir que quien se proponía algo lo conseguía, viviera en una ciudad grande o pequeña. Porque sólo era cuestión de proponérselo...

               - ¡Quien se propone algo, mueve montañas...!- me dijo serio, tajante, con sus ojitos taurinos retándome desde muy adentro.

Estábamos en el restaurante de El Almacén. Mientras conversaba con César –ante el magnetófono de ruedas grandes que giraban y giraban-, allí con nosotros estaban también Pepe Dámaso, Yamil Omar y su esposa Sizsi Zajtai, Alfonso Armas Ayala, Francisco Morales Padrón y el poeta Agustín de León. En medio de la entrevista con César se producía una conversación paralela en la mesa donde se cruzaban opiniones sobre Néstor y la belleza de su Poema a la tierra… ¡Pensar que el Poema a la tierra esté encerrado por inmoral!, ¡qué vergüenza, coño, de país...!, dijo César atendiendo a las dos bandas.

Yo me había cifrado el sano objetivo de hacerle una entrevista a César Manrique, con lo que no sin ciertas dosis de paciencia lograría reconducir las preguntas para que él pudiera ir desgranando opiniones sobre sí mismo, su infancia y adolescencia o su dimensión artística... 

- Fue en La Caleta donde yo comencé a tomar conciencia de la belleza de vivir, de la belleza del mar, del aire, de los peces, de las barcas varadas, de los marineros durmiendo, de la manera de cocinar en cocinas humildes, con los marineros, comiendo en su propia cocina... Recuerdo perfectamente a un viejo marinero amigo mío y a su familia, que se llamaba Feliciano, que vivía al lado de mi casa... Nos fugábamos por la noche con todos mis amigos, con todos los chicos, hijos de los marineros... Para mí fue una infancia felicísima, llena de fantasía...

-¿Ya pintabas entonces?

- Dibujaba continuamente una serie de motivos. Fue una infancia llena de fantasía y de un concepto puro de la vida. Creo que esta infancia fue especialmente importante para mí, ya que lo que tú recibes de niño te queda marcado para el resto de tu vida. La educación infantil es importantísima. Lo que se dé a un niño para que todo él pueda estar marcado de una línea de conducta, con un concepto sano o podrido de la vida... Todos esos niños que se crían en grandes ciudades, en medios inhóspitos..., eso es muy grave para los futuros desarrollos de la vida de un ser humano. El viejo campesino tenía hijos felices, ¿comprendes?, porque vivía en un entorno de pureza... Han contemplado las estrellas..., tienen  un estado de pureza, donde han visto a los animales trabajar de una manera positiva, y no en las grandes ciudades donde sólo han visto automóviles, olido gasolina..., tantos semáforos, la agresividad y falta de humanidad...¡Por eso en mí jamás ha habido una depresión moral!

-        Sí, muy importante la niñez...

-        Yo, a partir de los siete años... viví en un medio lleno de pureza, belleza y libertad. Me bañaba en la playa de Famara como un bicho más. Desnudo..., cruzando láminas de perfecta agua, donde se reflejaban los riscos, con una limpieza impecable... Todo eso condicionaría a cualquier ser medianamente sensible. A mi me ha condicionado para el resto de mi vida. Por eso yo soy un panteísta y amo la naturaleza por encima de todo...

-        La infancia como juego y aprendizaje...

-       Luego, algo más joven, viví en Macher, donde mi padre tenía unas fincas. Yo jugaba bajo las higueras, corría por las fincas. Fue una época igualmente feliz. Somos cuatro hermanos... Yo soy gemelo con una hermana y no nos parecemos en nada. Mi hermana es tímida, introvertida, de una bondad infinita. Yo soy extrovertido, vital, de un gran entusiasmo...

- ¿Recuerdas la primera vez que lloraste de desconsuelo por algo?

- Yo creo que no lloré nunca. Casi...

- ¿Y ese casi? ¿Esa vez que lloraste?

- No recuerdo exactamente el por qué lloré la primera vez...

- ¿No?... ¿Tus padres te castigaron alguna vez?

- Mi madre, nunca. Mi padre, sí... Recuerdo... hummmm... creo que eso me condicionó un poco, aunque no de una manera muy... Porque yo he sido siempre muy vital, postivista en el sentido que tengo de la alegría de vivir. Por el medio que me ha rodeado... Bueno, recuerdo que mi padre me pegó una vez una paliza enorme (enfatiza el adjetivo), porque yo tenía miedo a quedarme a dormir en la oscuridad... ¡Porque yo amaba tanto la luz...que..., cuando me apagaban todas las luces para que me quedara dormido, me daba un posible miedo y... lloraba! Mi padre llegó un día y me dio tal paliza en la oscuridad (aquí hay un nuevo énfasis), que me hizo daño. Mi madre se quedó un poco..., muy disgustada, al ver que...., cuando encendió la luz y me vio los cardenales en el cuerpo... Porque mi padre me pegó sin verme...

          Lo miré respetando los segundos de su silencio interior. Pronto sobrevino la capacidad de perdón del adulto que en esos momentos miraba hacia atrás sin ira, y agregó:

- Eso no creo que me haya condicionado. Sin embargo, a otro niño cualquiera creo que le hubiese condicionado. No, no creo que me haya condicionado...

- ¿Tímido?

-        No, nunca he sido nada tímido. Yo me rebelé, incluso en contra de mi padre, en un montón de cosas. Por ejemplo, mi padre no quería que estudiara pintura. Mi padre quería que fuera un niño vulgar, como todos los niños. Pero yo no era como todos los niños; yo no quería jugar a lo que jugaban todos los demás niños. Yo me iba con gente...

-        ¿Qué es tan importante en la vida?

-        Uno de los grandes males que tienen los hombres es no tener conciencia clara de lo que significa la vida. Es algo tan corto, tan ligero..., que no nos damos cuenta de la eternidad que tenemos antes de nacer y después de morir...

-        ¿Crees que esas almas quedan?

-        No, yo no lo creo; no afirmo ni niego nada. Creo en todo y no creo en nada... Creo que lo que puede quedar es una especie de energía, una posible inteligencia en abstracto, sin lógica o como pura energía... Creo que la inteligencia la tendría el gran banco cósmico, la única entidad universal que puede tener inteligencia para repartirla.

-        ¿Cómo la llamarías?

-        Llámalo como quieras: Dios, la energía del cosmos, la mecánica del universo... Yo no creo en el alma como cree la mayoría de la gente. Cuando comenzaron a formarse y organizarse los primeros gérmenes de vida, no había almas... Ahora la humanidad se está multiplicando, hay una explosión demográfica verdaderamente alarmante...

-        ¿Qué significa para tí la Coca-Cola?

-        ¿Para mí...?, ¡la mayor denigración de la Coca-Cola es haber llenado el planeta entero de publicidad, hasta en los rincones más insospechados! Por ejemplo, estuve en un pueblo de frontera de la China comunista, donde llegué a ver sus anuncios, me asombré y dije ¿cómo es posible que haya podido llegar a invadir el planeta entero? ¡Yo, a la Coca-Cola, le pondría la multa más impresionante de la historia de la humanidad!

-        Pero con la publicidad...

-        ¡Para mí, la publicidad, debería ser para fomentar el bienestar del hombre! Lo que prohibiría, si formara parte de un Estado consciente, es la publicidad gratuita, que sólo está para hacer ricos a cuatro señores a costa de lanzamientos de productos que no son beneficiosos para el hombre...

-        ¿Y el erotismo que se ha metido a través de la publicidad?

-        Lo que ha pasado con el concepto erotismo es que ahora hay una nueva conciencia de libertad. Durante siglos y siglos hubo una gigantesca represión que lo único que ha hecho es crear millones de seres desgraciados.. Sin embargo, hay un exceso de preocupación por lo erótico que acaba confundiéndose con la pornografía que, para mí, es repugnante. El erotismo lo veo como un grado superior de concentración de todas las fuerzas humanas en la sensualidad, ¡no la sexualidad!; en la sensibilidad del ser vivo para poder gozar de todos los matices que se nos ofrece...

-        ¿Que es para tí la muerte? ¿Tienes miedo a la muerte?

-        La muerte es el estado perfecto, porque la muerte no tiene la más mínima conciencia del tiempo. ¡Da lo mismo treinta millones de años...! Sólo tengo miedo a la conciencia de morir a través del sufrimiento físico. Sí, también me da miedo el no haber tenido tiempo de realizar todo lo que está metido en mi cabeza. ¡Tengo tal cantidad de cosas por hacer que creo que morirse a los ochenta años es demasiado corto!

-      ¿El mar...?

-        Me crié a la orilla del mar. La pureza de mi mente me viene de ahí. El verdadero concepto de artista es el que tiene una visión amplia y dedicación a todas las artes. Desde los caldeos, asirios, egipcios...

-        ¿Tu pintura?

-        ¿Mi pintura? ¡El concepto del espacio...! Los espacios, para mí, se fueron haciendo cada vez más cortos. Todo se me hacía pequeño y miserable. ¡La dimensión era reducida! No tenía el suficiente aire para respirar... Con cierto temor de claustrofobia espiritual...

-        ¿El artista?

-     ¿El artista? Lo que desea es trabajar absolutamente libre y crear en cualquier medio. Yo me vine a Lanzarote como un anacoreta. He hecho cosas en esta isla absolutamente gratuitas. A mí me gusta hacer lo que quiero... Yo estoy totalmente enamorado de la arquitectura popular. Los arquitectos se han intelectualizado demasiado y han hecho arquitectura fría. El arquitecto moderno debería poner sus conocimientos científicos al servicio de una mejor comprensión del verdadero confort que posee la  arquitectura popular. Yo creo haber logrado esa combinación en mi propia casa de Tahiche...

       La conversación paralela sobre Néstor de la Torre se había caldeado en esos minutos. César, ¡seguro!, estaba escuchando todo lo que se producía a su alrededor, por eso no cabía en su condición estar callado sobre aquel asunto que hería su sensibilidad e intervino, diciendo: ¡Si yo soy presidente del Cabildo de las Palmas ¡vamos! presento a bombo y  platillo la obra de Néstor y hago una gran fiesta. Una exposición para él solo fuera del museo! ¡Una exposición digna de Néstor, con la categoría que significa Néstor de la Torre en el mundo...! Alguien llegó acompañando a un visitante de apellido catalán, creo que se llamaba Font. César se vio en la necesidad de levantarse e ir a dar con ellos. El continuar la conversación se dejó para otro momento, no obstante tuve la sensación de que ya me había comunicado cuestiones muy importantes. Hoy, que reconstruyo aquella entrevista treinta años después, descubro con asombro la auténtica profundidad y actualidad de su manera de pensar. 

             ¡Salud eterna, allá donde estés... Maestro César!



[La foto nos fue hecha por Guerra, en 1987. Estamos: César Manrique, Fernando Delgado y Alberto Omar Walls ]